• Página 3 de 4

Confort Térmico:

Cómo disfrutar de mayor bienestar, ahorrando energía.


Un estudio realizado (CERE-UMAG, 1995) sobre una muestra amplia de viviendas típicas de conjuntos habitacionales construidos en Punta Arenas con estructura y revestimiento interior de madera y exterior metálico, con un aislante intermedio de 3 centímetros, calculó la cantidad de energía de calefacción necesaria para mantener esa temperatura a lo largo del año. El balance de los aportes y pérdidas de energía en la vivienda se resume en el gráfico de la página izquierda.

El Sol puede aportar cerca de un 20% de la energía térmica total que se requiere, y se debe aportar el equivalente a unos 27.000 kilowatt-hora al año de energía térmica de combustión. Para que la temperatura de confort se mantenga en el interior, este total debe equilibrar las pérdidas que ocurren por toda la envolvente de la vivienda. Un 20% se va a través del techo; un 13% se transmite por el piso al suelo y un 31% atraviesa los muros y las ventanas en proporción similar. El resto, un 36% de la calefacción aportada, se pierde a causa de la circulación de aire desde el exterior, fenómeno de entrada/salida de aire que se denomina ‘infiltración’ y que en Magallanes es particularmente importante porque el viento frío del Pacífico Sur, presiona permanentemente sobre las rendijas de cada construcción forzando el ingreso de aire frío, y haciendo que una masa equivalente de aire temperado salga, llevando su calor. Además, esta aire circulante disminuye significativamente la sensación de confort, especialmente en las áreas de la vivienda que están enfrentadas al Poniente.

Por otra parte, si los muros o el piso tienen una débil aislación térmica, la temperatura de su superficie interior bajará para acercarse a la fría exterior. Como la piel se encuentra a unos 30° Celsius –gracias a que el metabolismo del cuerpo humano lo mantiene nivelado a unos 37° Celsius–, el contacto directo o cercano con superficies frías provoca pérdida de calor a un ritmo elevado: esto se siente especialmente en las plantas de los pies o a cabeza descubierta. Algo similar ocurre cuando uno se enfrenta, quieto, a una superficie fría frente a uno –por ejemplo, un ventanal grande orientado hacia el Sur– pues nuestro cuerpo pierde calor por irradiación hacia el objeto más frío, provocando esa inconfortable sensación que sólo puede atenuarse con vidrios dobles de buena capacidad aislante, que ayudan a mantener sobre el vidrio interior, una temperatura cercana a la del aire de la vivienda.

También, cuando la humedad del aire interior es alta, se siente más el efecto de un cambio de temperatura, aunque sea de un solo grado Celsius. Al entrar aire externo húmedo a una casa, o cuando se genera mucho vapor de agua en su interior –debido, típicamente, al cocinar– su efecto es notorio porque el agua absorbe parte del calor de calefacción al mantenerse en estado vapor o lo cede al condensarse, en especial sobre los vidrios fríos.


Publicidad