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Confort Térmico:

Cómo disfrutar de mayor bienestar, ahorrando energía.


En Magallanes, la temperatura promedio del aire exterior a lo largo del año es de solo unos 6,5° Celsius, con medias de 0° y de 13° Celsius en invierno y verano, respectivamente. Sin embargo, las temperaturas mínimas suelen llegar algunos días hasta 10° bajo cero, y hay varios días de verano en que se alcanzan máximas de 20° ó 25° Celsius, que llegan a sofocar. Cuando el cielo está despejado y no sopla viento –condiciones poco habituales en el Fin del Mundo–, la radiación solar se hace notar pues traspasa los vidrios y calienta notoriamente los ambientes interiores. Al revés, cuando soplan vientos gélidos en invierno, el frío penetra bajando la temperatura interior. Como, afortunadamente, la humedad media del aire en Magallanes es sólo en torno al 70% y el nivel anual de precipitaciones no es más que unos 410 milímetros, no influye mucho sobre el confort térmico interior. Sin embargo, cuando se acumula vapor de agua en el interior de la vivienda, la calidad del ambiente se afecta por una sensación de ‘sentir un frío húmedo’ cuando la temperatura baja, y de ‘mayor calor’ cuando ella sube del promedio.

Se aprecia entonces que hay una combinación apropiada de temperaturas y humedad que ayuda a sentir mayor confort térmico, pero también inciden otras variables en la sensación de confort de las personas: el vestido que llevan y el tipo de actividad que desarrollan. Ya en 1923, Yaglou buscó definir la “temperatura efectiva” que indica las condiciones más adecuadas en el ambiente interior, pero fue P.O. Fanger quien en 1970 creó el concepto en su obra “Thermal Confort” y estableció que los intercambios térmicos hombre-medio ambiente son los que determinan la sensación de confort, e identificó a las características térmicas de la vestimenta y el nivel de actividad que se realiza como factores claves, junto a la temperatura del aire interior y su velocidad relativa de circulación, la humedad relativa del ambiente y la temperatura radiante del recinto.

El organismo humano puede conseguir su balance térmico en una gama amplísima de combinaciones entre las condiciones ambientales y los tipos de actividad, pero sólo una estrecha franja de las mismas, las calificamos como confortables. Para que se dé la sensación de confort debe cumplirse también que tanto la temperatura de la piel como la cantidad de sudor evaporado estén comprendidas dentro de ciertos límites, lo que depende del tipo de actividad que se realiza así como del nivel de humedad ambiental: cuanto menor sea ésta, mayor será la velocidad de evaporación; si el aire del ambiente posee alta humedad, se reduce la evaporación.
La condición de confort para cada actividad resulta de un consenso de mayoría. Se considera que una temperatura de 22,5° Celsius es un valor adecuado a mantener para las actividades propias en una vivienda, lo que implica utilizar calefacción durante todo el año. Cuidar las pérdidas de calor desde una vivienda y conocer los factores que inciden sobre la sensación de confort, ayudará a una mejor gestión de la vivienda y a ahorrar la cada vez más costosa energía.


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